OpenSource, genes digitales que no podemos ignorar

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Todos usamos código abierto, aunque no lo sepamos

En una charla casual con un compañero de trabajo hablábamos del código abierto, un tema que a los informáticos nos puede causar largas conversaciones…  dividiéndonos en defensores y detractores (casi como la política o la religión, salvando las distancias).
En este punto debo aclarar que no suelo utilizar aplicaciones OpenSource, usualmente me inclino por las opciones de pago por diversas razones que no vienen a cuento, pero en esta ocasión acabé defendiendo el código abierto motivado ante todo por sus argumentos de desprecio – “todo proyecto abierto es mediocre” – y – “el código abierto no tiene nada que hacer con las soluciones de pago” – .  Esto no es correcto  (hay muchas alternativas OpenSource que se han impuesto por su calidad, valga mencionar MariaDB, OpenERP ó 7Zip como ejemplos), pero además es justo aclarar que le esencia del código abierto va mucho más allá.

Como reza el título de este post el código abierto sería algo así como una parte del genoma de la tecnología que disfrutamos en la actualidad.
Si borráramos mágicamente el software libre de la historia perderíamos enormes adelantos, grandes inventos e incluso organizaciones enteras.  Muchos dispositivos electrónicos llevan un corazoncito basado en Linux (reproductores de música, móviles, routers…).
Pero además está la influencia indirecta, ya que el código abierto ha aportado librerías y algoritmos valiosísimos a multitud de productos comerciales de hardware y software (hecho que no ocurre a la inversa) y no se puede medir porque nadie sabrá nunca cuántas aplicaciones han incorporado código libre de forma oculta, siendo tan fácil como copiar, adaptar y compilar.

Los proyectos abiertos son auténticas criaturas orgánicas que nacen, se ramifican, heredan… incluso se fusionan.  Este fenómeno no tiene comparación con ninguna otra colaboración humana en la historia: miles de desarrolladores de todo el mundo implicándose en proyectos, adoptando o transfiriendo un know-how del que luego se beneficiará el sector privado. Ideas que nacen de ideas y aportarán características a otras ideas.

Por eso no se puede comparar el software libre con las aplicaciones de pago de una forma “genérica”, ni mucho menos sería justo adoptar prejuicios porque nos estaríamos equivocando estrepitosamente.  Además, a nivel de aplicación, hay que comprar cada caso particular, porque en ocasiones hay alternativas muy atractivas, otras veces la mejor opción es de pago.

Pero el código abierto es ante todo un fenómeno del progreso humano que seguramente seguirá aportando enormes ventajas y evolucionará a formas que no podemos ni imaginar.  Es de justicia reconocer este hecho y, como es de bien nacido ser agradecido, debemos agradecer todo lo que disfrutamos gracias a una filosofía y un montón de gente que cree en ella.

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3 comments

    1. Lamento la ambigüedad, no creí necesario matizar ya que la corriente más activa de proyectos opensource han sido gratuitos o manejan un modelo de negocio distinto a la tradicional “venta de instancias”. No obstante revisaré las expresiones a ver si puedo evitar confundir. Un saludo y gracias por comentar

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