Lo que el deporte puede enseñarnos

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Llevo unos meses recuperando algo de tiempo para hacer deporte ( en realidad todos deberíamos hacerlo, especialmente a partir de los 30 años). Lo cierto es que disfruto una barbaridad, además de despejarme me ayuda a estar más concentrado. Pero me doy cuenta que hay algo nuevo con lo que no contaba cuando era más joven, se trata ni más ni menos de los objetivos. Ahora me planteo metas que lo convierten en una actividad más divertida y desafiante.  Eso me recordó a mi día a día en el trabajo, así que seguí reflexionando sobre el tema y encontré ciertas similitudes con la vida profesional.

  • La motivación: Es habitual abandonar nuestras iniciativas deportivas: no tengo tiempo, porque ya no soy un chaval… y una variada colección de excusas.  Mantenerse constante en el deporte a partir de ciertas edades o con algunos trabajos requiere una gran motivación, la cual no se mantiene inalterable: lesiones, cansancio, meteorología y otros factores pueden mermarla y hacernos fracasar… ¿cómo evitar este desgaste?.  A parte de la diversión implícita del deporte necesitamos alimentar nuestra motivación y apoyarnos en otras personas para seguir adelante, esto también ocurre en el trabajo.
  • Tener objetivos, marcar hitos: ¿Dónde queremos llegar? Necesitamos metas (salud, forma, fondo, torneos…). Visualizar metas a largo plazo nos permitirá saber a dónde vamos, y querremos seguir hasta alcanzarlas.  Puede ser complicado cuantificar estas metas, pero si se hace tendremos motivos sólidos para avanzar.  Pero el largo plazo no estimula nuestras emociones durante el día a día, para no perder el norte conviene establecer hitos asequibles a medio y corto plazo, es decir, hitos.  Alcanzarlos nos proporcionará recompensas más palpables e inmediatas y nos inyectará ganas de superar nuevas metas… ¡el éxito es adictivo!.
  • Las personas:  El deporte en grupo es mucho más divertido y genera un mayor compromiso además de ser una experiencia más enriquecedora, exactamente igual que en el contexto laboral.
  • Adecuar el rendimiento: Es formidable darlo todo y aspirar siempre a mejorar, pero hay que saber dosificarse. En el deporte he aprendido que es de vital importancia aprender a dosificar el rendimiento para, en el momento exacto subir al 100% y ganar.  Es un error querer ir siempre a tope,  seguramente una de las señas del deportista experimentado es asumir esta ley y saber sacarle el máximo partido.  En el trabajo ocurre lo mismo.
  • Fracasos: “Falla de nuevo, falla mejor y vuelve a intentarlo”. Quizás el deporte sea una de las mejores maneras de aprender que hay que acostumbrarse a lidiar con el fracaso y aprender de él.  No creo que exista un sólo campeón en ninguna disciplina deportiva que no haya tenido que vérselas con horribles lesiones o contratiempos, lo importante es lo que aprendieron de ello… ¿no es una idea perfectamente extrapolable al trabajo?

El día que empecé este artículo estaba rebosante de energía, me esperaba una excursión con amigos y al día siguiente entrenaba para media maratón… pero dos días después me lesioné en un partido de pádel, y ahora termino de escribir esto con mi pierna escayolada.  Aunque sea un gran contratiempo y lógicamente esté deseando curarme, incluso la recuperación puede ser un reto del que aprender.  Y puestos a aprender… ¿no os parece que hay mucho que podemos trasladar a nuestro trabajo?.

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